La CNCT y los desafíos del Plan Ingreso Social con trabajo

Derechos, necesidades y urgencias

(Publicado en revista Autogestión - 2009)

 

Desde la Confederación sentimos que era necesario tomar postura respecto al Plan de Ingreso Social con Trabajo que lanzó el gobierno. El mismo asignará la suma de 1.500 millones de pesos para generar 100.000 nuevos puestos de trabajo en cooperativas. Una mirada sobre los alcances y los aspectos más polémicos. También  algunas consideraciones para que el plan se pueda implementar de manera correcta en el conurbano y a la espera de que se extienda a todo el territorio nacional.

 

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El día 14 de agosto varios integrantes de la CNCT asistimos en casa de Gobierno al lanzamiento del programa Ingreso Social con Trabajo. Por un lado, nos sentimos orgullosos de que el cooperativismo de trabajo sea tenido en cuenta por el Estado y por la sociedad como forma organizativa generadora de empleo y que contribuye a lograr la cohesión social. Es evidente que nuestro crecimiento como actor social y productivo, como sector generador de empleos de manera cooperativa, autogestiva en todo el país ha logrado que las autoridades nacionales nos consulten respecto de la promoción y organización de cooperativas.

Sin embargo el lanzamiento no deja de ser un desafío y una preocupación para nuestro sector y en particular para las Federaciones de cooperativas de la CNCT ligadas a la construcción. Tenemos varias dudas respecto a la implementación del programa, algunas cuestiones que criticar y otros aspectos que vamos a apoyar.

Desde luego, asumimos este compromiso con suma responsabilidad por el hecho que el gobierno nacional se proponga políticas distributivas del ingreso y, que piense en la generación de cien mil puestos de trabajo. Esta es una medida que como trabajadores debemos respaldar, pensando en los miles de compañeros que hoy continúan desempleados, con trabajos precarios  o discontinuos.

El plan, presentado por la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner ya se viene impulsando en el conurbano bonaerense. Plantea la formación de cooperativas de 40 a 70 asociados  para realizar diversos trabajos comunales de pequeña y mediana dimensión (ampliación de escuelas, pavimentación de calles, la construcción de cordones, veredas, cunetas, arreglos de baches, cloacas, mejoras y mantenimiento de plazas, etc. ligados al Municipio El pago se haría de forma bancarizada mediante el uso de tarjeta de débito directamente a cada trabajador, evitando intermediarios y desvíos. La remuneración a percibir rondaría los mil trescientos pesos.

No se conoce mucho más  que eso y sin duda falta definir una gran cantidad de pasos en lo administrativo y en lo operativo del programa, se anunció también la creación de una Unidad Ejecutora en el Ministerio de Desarrollo Social y con el correr de los días se irán sabiendo mas detalles.  

Desde el punto de vista de nuestra Confederación y en particular de aquellas cooperativas que han estado participando de los anteriores programas de construcción y servicios a través de cooperativas surge alguna preocupación.

Haciendo un poco de historia, desde el año 2003, momento en que bajo la presidencia de Néstor Kirchner se lanzaron los primeros planes de construcción se registraron más de dos mil cooperativas, gran parte de ellas siguieron trabajado hasta la fecha, esto significó un esfuerzo de la sociedad y la creación de un capital social de medida que nunca antes se había alcanzado ya que se creció en organización, en compromiso y solidaridad, los compañeros respondieron, se capacitaron, desarrollaron experiencias productivas y se creó una conciencia solidaria y responsable.

El desarrollo de los programas fue desparejo, se trata de un entramado en el que participan, la Nación, las Provincias y los Municipios con diversas reparticiones en cada programa, hubo casos en que faltó financiamiento, otros en que no se disponía de terrenos y otros en que la propia cooperativa no pudo concretar el proyecto, sin embargo y pese a que los costos fueron en general bajos, se llegó a un grado de organización y un cumplimiento de los objetivos que debiera enorgullecer a una sociedad que no se olvida la situación por la que atravesaba antes de iniciarse los programas. 

 

Frente al nuevo desafío algunas preguntas que hacen los compañeros son las siguientes:

 

·        ¿Se harán nuevas cooperativas y se olvidarán de las existentes?

·        ¿Continuarán los anteriores programas (Emergencia, Agua + Trabajo, CIC etc.)?

·        ¿Si mantenemos las cooperativas anteriores, se obligará a incorporar nuevos asociados  para acceder al programa?

·        ¿Si se cobra directamente por banco que rol organizativo tendrán las cooperativas?

 

Son preguntas que en este momento se deben estar haciendo los propios funcionarios.

 

Algunas voces han menospreciado esta experiencia, diciendo que no son “auténticas” cooperativas,  que no son genuinas etc. Pero la experiencia ha demostrado que la voluntad y los valores cooperativos son inherentes a nuestro pueblo trabajador, además de haber comprobado las ventajas que puede representar la autogestión respecto a la explotación de la mano de obra, para ello esta claro que debemos aceptar el desafío y estar a la altura de estas circunstancias.

Un planteo frecuente es que estas cooperativas son dependientes del Estado, como si eso fuese en si mismo una aberración, cabe reflexionar sobre la interrelación que tiene la economía y la demanda pública. No es fácil imaginar una empresa privada que construya puentes, caminos, obras de saneamiento o energía que no dependa sustancialmente del gasto público. Por otra parte ¿Cuál es el rol del Estado que se pretende reivindicar?

Un Estado que realice obra pública para satisfacer las necesidades de la población y que priorice la generación de empleo y la organización de la comunidad no debe ser algo transitorio sino que es el rol que pretendemos, no hace falta un Estado “bobo”, preso de la libertad de mercado que en tiempos pasados solo ha servido para favorecer la concentración.

Cuando en el año 2003 se lanzaron las primeras cooperativas a partir de los planes sociales, o cuando proliferaron las cooperativas que se formaban por necesidad ante el cierre de las empresas, fueron  muchos los que pregonaron que eso no era cooperativismo que iba a fracasar, que era asistencialismo prebendario o clientelismo. La historia nos demostró lo contrario, en el año 2006 en el encuentro de Chapadmalal, miles de cooperativas reclamaron que querían profundizar su cooperativismo, capacitación y oportunidades de desarrollar sus cooperativas, la historia siguió y proliferaron cooperativas que con gran dignidad y esfuerzo superaron las adversidades y pasaron de haber sido desempleados a ser hoy cooperativistas que sustentan sus familias y se han integrado al mundo del trabajo.

El cooperativismo de trabajo se debe preocupar más por resolver los problemas de pobreza y desempleo que tiene la sociedad que por mantener una pureza doctrinaria y mirar para otro lado. El Estado no es quien termina haciendo las cooperativas, simplemente nos da una oportunidad, mejor o peor, pero está en nosotros el generar auténticas cooperativas en base a esos planes.

Nuestra postura considera  que el plan de Ingreso Social con Trabajo debe contemplar como objetivos, además de que los ingresos lleguen de manera transparente a los trabajadores y que las obras se concreten con la mayor eficiencia posible, que quede un saldo organizativo importante, que los compañeros tengan un crecimiento integral adecuado a los ingresos empeñados.

Da la impresión que si la aplicación en el territorio del programa respondiese a recetas “enlatadas”, es decir, directrices estrictas que no puedan ser modificadas en el lugar, de acuerdo a las particularidades específicas de la zona, cometeríamos un grave error. Otro error sería ignorar la experiencia obtenida en las anteriores ediciones de programas similares. Creemos que la mejor forma de implementarlo debería tener algo de “artesanal”, evaluando las buenas y malas experiencias, reconociendo los actores locales tanto del Estado como de las anteriores cooperativas,  teniendo en cuenta que es una apuesta costosa y difícil de implementar pero que llena de esperanzas a una gran masa de trabajadores desocupados.

Creemos además que el rol del municipio y de los actores locales, mas allá de las críticas que en muchos lugares se han realizado, lo cierto es que es muy difícil de reemplazar y constituye una de las bases en la creación de las cooperativas.

Estamos dispuestos a colaborar , a transmitir nuestras experiencias buenas y, también las malas, resaltando la importancia de la auténtica autogestión, del crecimiento con capacitación, de organizarse para reclamar los derechos y mejorar el servicio, a lograr que seamos cooperativas y no cuadrillas. Es todo un desafío en el que no podemos fallar.