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Italia y América del Sur, el contraste de experiencias autogestivas

11/20/2014 - 17:37
Reproducimos nota del Diario El Manifiesto de Italia sobre una charla que brindó en Roma, el prosecretario de la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo (Cnct) Fabio Resino sobre empresas recuperadas.

Por Claudio Tognonato

 

¿Todavía hay empresas recuperadas en Argentina? ¿Continúan produciendo eficientemente? ¿Son un fenómeno que tiende a desaparecer o hay nuevas actividades en recuperación? ¿Hay fábricas ocupadas incluso en Italia? ¿Son muchas? Muchas son las preguntas que surgen sobre el proceso de recuperación de empresas nacido en Argentina como respuesta a la crisis que estalló en 2001. Para continuar con el tema y dar relevancia al fenómeno, Comune-infoAltramenteLaboratorio urbano Reset A Sud han organizado un encuentro en el SCUP de Roma, titulado “Formas de resistencia, auto-organización y recuperación. Confrontación de experiencias entre Argentina e Italia, por una conversión ecológica de la economía y la sociedad”.

La ocasión fue la presencia en Italia de Fabio Resino (prosecretario de la Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo en Argentina y miembro de FACTA), que hizo un balance de la situación de las empresas autogestionadas en Argentina.

La historia de estas formas nuevas de organización del trabajo surge de manera espontánea, desde la base, como una alternativa al desempleo y el cierre de las cadenas de industria local. El ritmo del neoliberalismo dejó tierra arrasada, con un desempleo galopante y las fábricas cerradas. Para los trabajadores, la crisis económica es vivida como una crisis de los derechos laborales, de la pobreza y el aislamiento. El juego de la economía financiera terminó destruyendo la economía real y la producción, hasta el punto de que en lugar de producir se tenían que importar productos del exterior.

Todo empezó cuando empezaron a vaciar las arcas. Sin ahorros, la crisis económica se convirtió en una crisis general y todo se precipitó. Tras el fracaso se cuestionó al gobierno, los partidos políticos y los sindicatos. En este clima de revuelta popular nacieron algunas formas de organización para responder a la caída generalizada: los piqueteros, los cacerolazos, las asambleas populares, el trueque y las ocupaciones de fábricas. Ahora, después de muchos años, las respuestas vuelven por los canales institucionales. Sin embargo, las fábricas autogestionadas todavía siguen.

Fabio Resino confirma que no son pocas, entre 200 y 260, las empresas agrupadas en distintas federaciones que luego dieron origen a una forma confederal. Un salto cualitativo que mantiene unidas las diferentes experiencias y permite a las más pequeñas, que aún continúan surgiendo, que no se sientan débiles y aisladas. El gobierno, a través del Ministerio de Trabajo, ha abierto un programa que apoya las actividades de las ocupaciones primarias. También se modificó la Ley de Quiebras vigente, que ahora ubica a los trabajadores en el primer lugar entre los acreedores. Cuando la empresa se ​​cierra, a menudo una parte importante de su deuda es con respecto a sus empleados; en caso de recuperación pueden utilizarla para la compra de herramientas y equipos, para que puedan seguir produciendo. El gran reto es pasar de ser empleados para gestionar todo el negocio, desde el desempleo a la gestión de su propio futuro, un reto que se extiende a todos los aspectos de la vida. En Argentina, en los últimos años, la experiencia ha madurado y puede convertirse en una herramienta eficaz de lucha, porque el movimiento obrero sabe que las fábricas se pueden recuperar. Los trabajadores de una empresa que cierra saben que no son responsables del fracaso de la empresa, por lo que en lugar de abandonar la lucha optan por la autogestión.

Incluso en otros países de América Latina nacen experiencias similares: en Uruguay hay 34 empresas que se unieron en una federación, la Asociación Nacional de Empresas Recuperadas por Trabajadores (ANERT). En 2011, el gobierno creó una línea de crédito para las empresas autogestionadas y a finales de 2013, el Presidente Pepe Mujica organizó una reunión junto a los representantes de las fábricas recuperadas de Argentina y la Anert. Para Mujica "la autogestión no es una opción, sino una medida provisoria para superar el actual sistema económico". Experiencias similares de cogestión y autogestión también pueden verse en Venezuela, con la participación del Estado que propone varias formas alternativas de propiedad.

¿Y en Italia? Las fábricas recuperadas serían 32, pero pueden ser muchas más cuando vean que existen otras experiencias similares. Toda ocupación o recuperación sigue un camino particular, con formas diferentes, la relación varía desde la propiedad hasta las condiciones y las dificultades en que se encuentra el negocio.

A la reunión también asistieron representantes de la Officine-Zero, los trabajadores de los laboratorios Lits Wagon, que ocuparon durante más de dos años la antigua fábrica cerca de la estación Tiburtina. Su situación es difícil, hay 33 personas que resisten gracias al apoyo de la Huelga de la comunidad adyacente y la solidaridad de la comunidad. El negocio ha perdido su expresión original, que ahora se ha convertido, con refacciones y el patio reciclado, en un lugar para compartir el arte y el espacio de trabajo. En primer lugar, dice Antonio,"la crisis tuvo lugar en el campo. Ahora se ha generalizado y ya no está el sindicato".

La respuesta de la Officine-Zero fue romper el aislamiento: "Antes nos sentíamos muertos. Ahora, aunque no es fácil organizarnos, volvimos a sentirnos vivos". En Italia, el punto débil es la falta de una organización centralizada, carente de una federación capaz de unificar sus fuerzas y debilidades. Esta fue la clave de la experiencia argentina: toda recuperación llevaba impresa la experiencia del resto de las empresas que ya habían tomado esa decisión. La suma de las pequeñas experiencias se hizo realidad en cada ocasión como una presencia decisiva. La solidaridad es fundamental para superar el individualismo de la sociedad de mercado. Esta solidaridad debe construirse con el territorio, con el contexto, porque las fábricas no son islas y pueden interactuar mediante alianzas y arraigándose en los barrios. Un nuevo pacto entre la comunidad y la economía solidaria.

La ocupación de las fábricas, que comenzó como una respuesta desesperada, está en la cumbre de la defensa del lugar de trabajo, como la recuperación de su dignidad, porque en la lucha se gana el derecho a un trabajo digno. Las empresas buscan nuevas formas de organización del trabajo en un mundo cada vez más interconectado. La competencia es fuerte, pero para reducir el costo de producción no es necesario pasar por la reducción de los costos laborales, en cambio debe disminuir la tasa de ganancia.

Se trata de un proyecto lleno de utopía, indispensable y pleno de realismo, porque los que toman este camino simplemente quieren trabajar.

Link a la nota en Italia

Fotografía: Periódico Pausa

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