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Cooperativismo y resistencia

09/04/2017 - 17:09
Los trabajadores y trabajadoras de la Cooperativa Bar La Casona hablan sobre la experiencia autogestionada que llevan adelante y de la posibilidad de compartir con otros colectivos un mismo proyecto.

Ubicada en el barrio porteño de Abasto, la Casona de Humahuaca, es un espacio de encuentro que presenta diversidad de propuestas artísticas y comunitarias. El bar autogestionado que funciona todos los días en la calle Humahuaca al 3508, se creó en el 2012 y luego de dos años de trámites y gestiones, los trabajadores y trabajadoras lograron obtener su matrícula en 2014. 

"Elegimos organizarnos como cooperativa porque coincidía con los ideales que teníamos y que siempre estuvieron en el espíritu de La Casona", cuenta María, una de las asociadas a la cooperativa.

Este bar, que integra a trece personas, funciona dentro de La Casona Cultural de Humahuaca, espacio que se gesta en el 2000 y que está constituido por diferentes colectivos, “uno de los cuales es la cooperativa de trabajo que sostiene el bar, es el fuerte para el sostenimiento económico del espacio cultural casonero”, dice Valentina.

Ella además afirma que "la pata fuerte y originaria de La Casona" tiene que ver con los principios de salud comunitaria haciendo actividades de promoción de la salud y prevención de enfermedades con actividades callejeras que hacen de manera conjunta con otras organizaciones del barrio formando parte de la Red Rioba. Se trata de un grupo barrual que busca que la comunidad tenga una mayor participación, recomponer tejidos sociales y recuperar el espacio público para la construcción de vínculos e integración comunitaria.

Valentina, durante la entrevista, también cuenta de qué va la programación del espacio: "hay actividades de teatro espontaneo, psicodrama, recreación comunitaria, muchas a la gorra y otras como talleres pagos. Todos los lunes hay un ciclo de Cine Casonero a la gorra, que se hace puertas adentro en invierno, y en la calle en verano, desde hace muchísimos años". Además, dice que los días martes hay un ciclo de música, organizado por la Cooperativa Bar, también a la gorra y que los primeros domingos del mes hay una feria vegana con entrada libre y gratuita. Así mismo se realizan exposiciones organizadas por el área de artes plásticas y espectáculos de artistas que se acercan a formar parte de la movida.

Entre los colectivos con los que conviven y hacen red en el lugar, también están los compañeros y compañeras del Teatro Casonero: Teatro del oprimido y la Cumbre de Juegos Callejeros (CuJuCa). Esta es una iniciativa que propone volver a salir a la calle para reconstruir los lazos que se han perdido por la vorágine de la ciudad.

“La programación es fija y variable, nos reservamos el derecho a poder transformarnos constantemente, este es un espacio abierto a todas las propuestas que intenten acercarnos a las formas en las que, como colectivo casonero, constituido por muchos colectivos, nos reconocemos: la construcción de vínculos cooperativos, de confianza, lo que tenga que ver con garantizar la salud integral y comunitaria, la relación con la comunidad. Muchas actividades se intentan hacer en la calle porque eso permiten una vinculación diferente con el otro, a diferencia de cuando las cosas se hacen puertas para adentro”, dice.

Por su parte, María resalta que uno de los grandes valores de esta organización cooperativa es: “poder construirnos, entre todos y de manera horizontal, mediante las asambleas, escuchándonos, donde cada voz y cada palabra tiene su lugar y su espacio, al igual que la de todos, y en ese construir nos elegimos entre nosotros para representarnos mediante una votación en la que participan todos los compañeros."

Agrega que eso es algo fundamental en este tipo de organización. "Ese elegirnos, darnos ese voto de confianza, se basa en los vínculos que vamos construyendo a partir de la cotidianeidad, de conocernos, de formar un compañerismo que es algo básico en este tipo de organizaciones, donde hay mucho cariño, amistades y eso es para adentro y para afuera también, ya que tratamos de construir vínculos con otras cooperativas, emprendimientos, proyectos para así poder armar una red donde nos vamos apoyando y acompañando. Tratamos de trabajar con otras cooperativas y espacios que creen, al igual que nosotros, en la economía popular y social.”

Bruno, otro de los socios, reflexiona sobre el rol del cooperativismo en tiempos de crisis. Dice que para ellos, en momentos como este, "el modelo cooperativista cumple una doble función, por un lado frenar esa crisis o reducir sus efectos sobre la población. A este tipo de organización muchas veces se la mal llama trabajo precario, informal o mal pago, pero es trabajo y es lo que justamente escasea en estos tiempos, donde no se genera empleo, por lo que el modelo cooperativista puede ser visto como una salida a la crisis.”

“Otra función es la de generar una conciencia en el trabajador y la trabajadora, de clase, en pensar sobre cómo se produce, en el modo más allá que los medios, que son importantes y muchos, pero toma mucho más valor la idea de decidir el modo de producción, que no es el modelo predominante ni en nuestro país ni en el mundo”, sostiene. 

Y vuelve a resaltar la importancia de generar una conciencia de cómo nos juntamos a producir: “La resistencia es la función que existe en los dos modos, es una resistencia a un modelo de empresa predominante en todo el mundo. En tiempos de crisis cierran grandes empresas pero no vemos que cierren cooperativas, que se funda o que vaya a desaparecer el modelo sino, por el contrario, crece cada día más”, concluye.

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