Formulario de búsqueda

Con el emblema del esfuerzo colectivo

08/09/2017 - 17:11
Compartimos la historia y actualidad de la cooperativa de comida japonesa Iosh, a través del relato de dos de sus integrantes: Laura y Romina Yamashiro.

Iosh es una cooperativa de gastronomía japonesa de Florencio Varela que desde hace varios años viene desarrollando una importante actividad a través del delivery de comida oriental, eventos y presencias en ferias populares de todo el país.

Con la impronta de acercar nuevos sabores que, muchas veces, quedan subsumidos a ambientes “selectos”, la idea que guía la acción de la cooperativa radica en socializar estos sabores en espacios populares y lograr un consumo comunitario que llegue a la mayor cantidad de gente posible, explican dos de sus socias fundadores, Laura y Romina Yamashiro.

Inmigración y emigración

El papá de Romina (y marido de Laura), llegó a la Argentina a los cinco años, procedente de Okinawa. La familia escapaba de la guerra y buscaba un lugar que les brindara paz y comida. Fue así como los Yamashiro se instalaron, en la década del 50, en Varela.

En un principio la integración fue difícil: eran discriminados en la escuela y a uno de los hermanos llegaron a apedrearlo. Sucede que en esa época se había producido el bombardeo a Pearl Harbor y la colectividad japonesa sufría un fuerte estigma creado por el imperio estadounidense.

La familia se dedicó a la floricultura ya que, en se momento, la cuestión gastronómica no estaba desarrollada y había solo dos actividades a las cuales dedicarse: flores y plantas o tintorería.

Vale destacar la vuelta que da la historia familiar de los Yamashiro y cómo a los más jóvenes, con el correr del tiempo, también les tocó emigrar, pero hacia Japón y en dos períodos de crisis económica argentina: los años 90 y el 2001.

A los japoneses que viven fuera de su país y a sus descendientes se los llama Nikkei. A los extranjeros que van a Japón a trabajar se los denomina con la palabra “alien”, y tienen una “alien card” como identificación.

Cuenta Romina que el retorno de su padre a su tierra natal implicó que, después de tantos años de vivir en Argentina, no se sintiese identificado con la sociedad japonesa. Ella también estuvo allí en 2001 y si bien había trabajo, se daba en condiciones precarizadas.

En tiempos en los que el inmigrante es visto por muchos sectores como un enemigo, Romina sostiene que “son nuestros hermanos, vengan de donde vengan. Las personas que abandonan su país de origen lo hacen por necesidad, buscando un refugio para vivir mejor. Y no nos podemos poner en el lugar necio de pensar y decir que el trabajo es para los argentinos ya que nosotros somos fruto de la inmigración. Hay un descontento creado en la sociedad donde se culpa al otro y eso no debe pasar”, sostiene.

Orígenes cooperativos

Las compañeras cuentan que el germen para fundar la empresa social se generó a partir de organizar un delivery de comida japonesa a modo de emprendimiento familiar. En ese sentido, cuenta Laura que definieron que querían retomar las recetas de aquellas comidas hechas por los abuelos, padres o tíos y ayudarlas a que atraviesen el tiempo. 

“Había muchas recetas de allá que se hacían tratando de adaptarlas a los ingredientes de acá, como el misó, la salsa de soja, los pickles. Algunos ingredientes eran genuinos, por ejemplo, se traían árboles de humé, que es como un damasco agrio y ácido que se hace en pickle y no existía acá. Si vas a la casa de un japonés, todos tiene un árbol de ese tipo para hacer esos pickles pero en esta generación eso se está perdiendo; entonces la idea fue recuperar esas recetas para seguir promocionándolas, darlas a conocer e invitar a la comunidad argentina que las incorpore en su dieta”, explica Romina.

Fue así como, después de muchas volanteadas en la zona de Bosques, donde está ubicada la sede de la cooperativa, empezaron a recibir pedidos y a trabajar de jueves a domingos.

Organización y primeros pasos

Hasta ese momento, comentan que no tenían idea de lo que era organizarse como cooperativa. Fue a través de un vecino que los  asesoró que obtuvieron la información para organizarse bajo esta modalidad.

Dice Laura que a partir de ese momento siempre pensó que la cooperativa debía ser sustentable, tanto para poder asumir los gastos operativos como los retiros de los asociados.

En el año 2011 recibieron la matrícula: “En ese momento contamos con el apoyo del Ministerio de Desarrollo para toda la gestión de la cooperativa. Y ahí empezamos a entender el trabajo cooperativista, a conocer a otras empresas sociales, a hacer por primera vez un presupuesto, nos invitaron a una feria en Mar del Plata, que duró casi tres meses, y ahí conocimos a otros compañeros cooperativistas y el ver cómo funcionaban fue muy importante para nosotros”, comenta Romina.

Recuerdan que la propuesta gastronómica que presentaban era diferente en cuanto al tipo de comida que se acostumbra a comercializar en eventos de ese tipo en nuestro país.  Así lo relata Romina: “Cuando llegábamos a armar las ferias pensábamos que quizás lo nuestro no iba a prender en relación a otras cosas que se acostumbran a ver más, como las hamburguesas, las pizzas, los choripanes; pero después nos dimos cuenta de que lo nuestro también iba para adelante, que la gente veía algo diferente, y el hablar mucho con el público, contarles sobre la historia de los productos, los materiales, las recetas, fue y es importante y también ayudó al encuentro con nuestra propuesta.”

Identidad y productos

Más allá de la elaboración de comidas tradicionales, como el tempura, los pinchos de langostinos y pollo, los arrolladitos primavera y los pescaditos rellenos dulces, con el tiempo los asociados decidieron empezar a diversificar la producción y así sumaron la salsa teriaki y la salsa agridulce. Las testearon en una feria y fue tan buena la respuesta que pensaron en envasar y comercializar. Junto con la gente que estaba en ese entonces en Marca Colectiva del Ministerio de Desarrollo,  crearon marca, logo y planificaron el envase.

El nombre de la marca fue pensado por todos los integrantes de Iosh. Sobre ese proceso cuenta Romina que querían transmitir su identidad y que, a la vez, el mensaje no sea rígido. Así es como el logo se relaciona con la forma redonda del sushi, del roll, y las gotitas de los costados simbolizan la isla de Japón.

Iosh es una expresión onomatopéyica japonesa que alude a un esfuerzo conjunto o colectivo, una expresión de aliento que invita a hacer juntos, a sumarse a esa fuerza colectiva. Esto también lo relacionan con la experiencia que les tocó vivir a partir del compartir con otras cooperativas en espacios y ferias. 

“Nos fuimos metiendo en la economía social. Cuando llegamos a la feria no vimos un sentimiento competitivo, al contrario, al haber emprendedores de la economía social teníamos que vender todos y todos promovían los producto de otros, compartíamos la ubicación de los stands. Te sentías seguro de estar ahí, no amenazado por el de al lado. Eso nos hizo comprender a todos dónde nos estábamos metiendo: el cooperativismo no era solo una elección de trabajo sino también de vida a través del compartir, del ser equitativos”, reflexiona Laura.

Actualidad y unidad

La crisis económica actual golpeó a la organización, que hoy en día cuenta con 20 asociados y experimenta una merma significativa en su volumen de trabajo.

“En los últimos dos años estábamos empezando a crecer exponencialmente, después de un trabajo de hormiga, pero a partir de diciembre de 2015 la lógica con la que veníamos trabajando cambió y todo lo que teníamos planificado (por ejemplo nos habían ofrecido tener una concesión del servicio meteorológico en Palermo) se nos cayó”, señalan las compañeras.

En ese sentido, rescatan la importancia de pertenecer a una Federación como Facaal (Federación Argentina de Cooperativas Apícolas y Agropecuarias Limitada) y a una Confederación como CNCT (Confederación Nacional de Cooperativas de Trabajo).

Con Facaal tomaron contacto a partir de cubrir un puesto en el Pueblo Cooperativo de Tecnópolis. “El hecho de estar en una Federación fue algo sumamente positivo para nosotros. También el formar parte de CNCT, con quien se creó un vínculo, sentimos la pertenencia y compartimos la lucha”, sostiene Laura. Y agrega  Romina: “En las luchas que tuvimos en este tiempo, la Federación y la Confederación han cumplido un gran papel, un gran rol de representación. Estamos muy contentos y creemos que a pesar de la situación adversa que estamos viviendo, hay que generar creatividad, poner el cuerpo para salir adelante y la CNCT nos está brindando el marco para hacerlo”.

El balance de esta etapa es duro pero siempre está la esperanza en la unidad y la organización del conjunto: “Se nos cortaron líneas de trabajo colectivo, de crecimiento, entramos en crisis, en pensar una reestructuración, pero con el apoyo de CNCT y Facaal seguimos en la lucha para que no nos quiten derechos. Y creemos que la forma de enfrentar este momento es estar más juntos y que nuestros universos no sean al interior de una cooperativa: la cooperativa es algo colectivo y ese universo tiene que crecer y tener límites más grandes, por eso estamos en una Federación y en una Confederación, y si hubiese un espacio Latinoamericano, también tendríamos que estar”, piensa Romina.

Para ella, “el proyecto nacional y popular no termina en nuestros límites, hay algo más grande que nos incumbe, un proyecto latinoamericano de Patria Grande en el que hay que volver a configurar los roles con charla, con debate, con entender al otro a pesar de las opiniones diferentes. Hay mucho más que saber de otras realidades para poder entender al otro y comprenderlo. Esa es la manera de que nos podamos unir”.

Entre los nuevos desafíos que asumen, se encuentra un proyecto de Facaal, desde donde se emprendió la apertura de un local en el que se comercializan productos cooperativos, ubicado en las calles Tucumán y Callao del microcentro porteño. Anteriormente, el local funcionó como una unidad básica del peronismo, por lo que el espacio guarda una mística particular. “A pesar de que, por una cuestión de logística y costos, se complica contar con productos de todo el país, buscamos la manera de que estén y demostramos capacidad productiva. Demostramos que se lucha y se trabaja”, afirma Romina.

Por otra parte, también finalizaron recientemente las jornadas de capacitación a promotores territoriales organizadas por la Federación. De esta iniciativa participaron cuarenta trabajadores y trabajadoras de diez provincias del país y el resultado fue sumamente exitoso. “Había una necesidad a cubrir con estos encuentros y estamos orgullosos de la iniciativa. Seguiremos trabajando con mucho entusiasmo ya que nos retroalimentamos con los compañeros, con el trabajo en el territorio y queremos hacer más”, concluye Laura.

Suscribirse al Newsletter
Suscripto a CNCT newsletter feed
Foros de Debate
Red Textil Cooperativa
Red Colmena
Red de Cooperativas de Tecnología
Diarios y Comunicadores
PROGRAMA CAPACITACIÓN CON OBRA